M.V.M.

No os perdáis:

Creado el
28/7/98.


Más sobre El pianista:

1) Reseña de Julia Moreno Arce

2) El pianista y la posmodernidad

3) Sobre la película


«Muchos progres de hoy acaban haciendo sólo pesebradas»

E. CRESPO

El Noticiero Universal, 21 / 3 / 1985


Manuel Vázquez Montalbán, siempre pródigo con sus escritos, acaba de publicar una nueva novela, «El pianista», en la que narra la historia de un músico fracasado, y ofrece un análisis de la progresía española de hoy que, según este escritor, ha pasado de querer echarse al monte, en el 68, a querer ser diputados caiga quien caiga.

     Hace un año Manuel Vázquez Montalbán dejó aparcada una obra, en la que Pepe Carvalho desentraña un extraño caso ocurrido en un balneario, para enfrascarse en una idea que hace años venía gestando, y que ahora ha tomado cuerpo de novela. «El pianista» es el fruto de un impulso insoslayable, según explica su autor, cuyas primeras páginas fueron escritas en 1972.
    Con fría lucidez, pero con una ternura especial hacia su protagonista, Vázquez Montalbán narra en su nueva obra la historia de un pianista, Alberto Rosell, que ve truncada su carrera artística por la irrupción de la guerra civil española. La primera parte se desarrolla en la actualidad: el pianista trabaja en un local de travestis, sumido en una clandestinldad casi querida. En la segunda, situada en la postguerra, el protagonista sale de un encierro de seis años en la cárcel con la obsesión de encontrar un piano. Y en la tercera, la más lejana en el tiempo, Alberto Rosell está becado en París, en 1936, y se produce el golpe militar. El autor realiza todo tipo de piruetas en el tiempo para explicar tres etapas de la vida española.
    En «El pianista» hay un juego de protagonista - antagonista perfectamente deseado por Vázquez Montalbán. Un juego buscado, una confrontación dialéctica que implica al lector y le impulsa a tomar partido entre un músico fracasado y un compositor. Doria, histriónico, triunfador, siempre presente, como un fantasma, en la vida de Alberto Rosell.
    —El tema central de mi obra —explica el escritor— es la clásica reflexión entre perdedores y ganadores. Yo anallzo aquí las diferencias que existen entre obtener un éxito de carácter social o moral, porque los ganadores pueden ser moralmente perdedores.

Rosell es demolido por una historia sangrante a la que ofrece una respuesta ética. Doria, ese Doria que recuerda a alguien real, a Iturbi tal vez, logrará el triunfo. —Tu obra es también una reflexión sobre el papel de los artistas e intelectuales en la sociedad.
—«El pianista» es un estudio sobre el talante de la progresía española, que ha tenido que hacer frente a muchos desafíos morales, y que ha reaccionado ante Historia de diferentes maneras. Hay en la obra una comparación entre la inlelectualidad de los años 30 y los progres de hoy, que en muchos casos pueden acabar practicando el pesebrismo. Está claro que se ha perdido el sentido de la lucha por unos objetivos, y la intelectualidad intenta ocultar con máscaras y maquillajes un hecho evidente: no está a la altura de los tiempos.

    La división que un día hizo Umberto Eco entre apocalípticos e integrados le viene al pelo a Manuel Vázquez Montalbán que habla de dos tendencias entre la intelectualidad española: los que se refugian en el fracaso y en el nihilismo (¿quizás los que piensan que contra Franco se vivía mejor?), y los que buscan como locos la integración.
—Estos últimos son los que van predicando las bondades del pragmatismo y el posibilismo. Es curioso cómo se ha pasado con una gran rapidez de querer echarse a la montaña, año 68, a querer ser diputados caiga quien caiga.

    En el año 36 París fue la capital del mundo. En los 60 las olas culturales llegaban desde San Francisco y Londres, donde se estaba gestando una nueva sensibilidad. Ahora Nueva York es el gran supermercado de la cultura.
—Ha habido un cambio en el sentido de la cultura —arguye este escritor y periodista—. Ya no hay aquella profunda reflexión que se hacía sobre el ser humano y la sociedad entre la intelectualidad francesa.

—Y qué piensas de la situación cultural que vive Catalunya, Barcelona?
—Bueno, aquí sigue pasando lo de siempre: hay un cúmulo de individualidades que tratan de hacerlo lo mejor posible.

—Reconocerás que Barcelona ya no es la caja de resonancia cultural que fue.
—Barcelona ha perdido el protagonismo cultural que le dieron aquellas asociaciones predemocráticas, que en Madrid no existían. Ahora Madrid ha mejorado, gracias al apoyo de la cultura oficial democrática. El Gobierno destina un presupuesto a actividades de este tipo que antes se gastaba en fascistadas. Ha habido una igualación de niveles.

    Y eso es todo, porque el autor de «El pianista» no está dispuesto a explicar más sobre la pérdida del protagonismo cultural de Barcelona. Sobre lo que sí se manifiesta, y con toda rotundidad, es sobre la inexistencia de una sociedad civil en España. La guerra destruye el tejido social, la postguerra, que este autor describe en la segunda parte de su nueva novela, es un tiempo de supervivencia.
—Hubo una recuperación de la sociedad civil —afirma— a finales de los años 60 y comienzos de los 70, como reacción al franquismo. Ahora en la medida de que el juego democrático se ha institucionalizado, los profesionales e intelectuales se han trasladado a la política, y aquella pequeña y superficial capa de sociedad civil se ha destruido, se ha quedado sin espacio. Nunca he visto tan desarmada críticamente la sociedad española.


Más sobre El pianista:

1) Reseña de Julia Moreno Arce

2) El pianista y la posmodernidad

3) Sobre la película