M.V.M.

Creado el
17/05/2018.


Prólogo por Manuel Vázquez Montalbán a

Hijos sin padre

de Romeu, Editorial Planeta, Barcelona, 1978


La madre que los parió

Romeu, un peligroso gourmet motorizado, empezó a publicar en Por Favor la serie «Los hijos de su madre» en la que trataba de demostrar que el niño no sólo es un perverso polimórfico sino también un perverso a secas. La infancia. actual se las trae y desde que se ha metido en las centrales sindicales reivindica hasta el derecho a crecer. Ahora Romeu vuelve a la carga modificando el viejo título y toma partido por sus críos atribuyendo a la falta de padre su talento perverso ante los demás y las cosas. De la muñeca llorona al ménage a trois, del skalextric al «porro», los niños de Romeu son una tierna parodia de la conquista del horizonte por héroes de pantalón corto, ese signo externo con el que los adultos han disfrazado a sus hijos para conservar su predominio.

La base del éxito de Romeu es el traslado de la tipología de víctimas del mundo adulto al mundo infantil. Ya es un tópico hablar de « ... el niño que todos llevamos dentro», pero no por ser un tópico deja de ser cierto que siempre conservamos como un quiste o como un hermano nonato, al niño que mal creció y que en un momento determinado se convirtió en estas víctimas que somos y que vamos por el mundo pidiendo la aplicación o no del Pacto de la Moncloa y una mejor distribución de sexualidades.

A mí los niños me dan mucha pena y los adultos también. Y cuando trato de revelarme a mí mismo el porqué, llego a la verdad fundamental de que me dan pena porque han nacido y un día u otro (a veces cada día) fracasan. Con sus ojitos de locos débiles, los niños aprenden a tener miedo, base de toda sabiduría de supervivencia. Aprenden que los que no tienen miedo mueren antes y peor y que nunca se vuelve a la placenta, ese lugar privilegiado donde nadie va a pedirte que hagas un prólogo en un momento en que uno no está para prólogos. Como pueden ver o leer, la filosofía de Romeu es contagiosa.