M.V.M.

Creado el
13/10/2001.
Más sobre Asesinato en el Comité Central:

1) Epílogo de Cristina Almeida
2) Epílogo de Santiago Carrillo
3) Epílogo de Gerardo Iglesias
4) Epílogo de Rafael Ribó
5) Reseña de Joaquín Marco
6) Reseña de Javier Pradera


Epílogo por Ramón Tamames y Mónica López a

Asesinato en el Comité Central

Epílogo conmemorativo del 25º aniversario de Carvalho,
Edición de enero de 1997, Planeta.


Mientras en España las medidas que favorecen los intereses de los grandes grupos financieros se suceden sin alcanzar cambios importantes en el mapa político, debido sobre todo al "gota a gota" de la acción de Adolfo Suárez al frente del gobierno, Carvalho investiga la muerte del secretario general del PCE.
    Un PCE falto de una profunda renovación de su cúpula, que sufre un duro estancamiento frente al alza del PSOE; un PCE en el que las tendencias renovadoras se enfrentan a un carrillismo vestido de eurocomunismo, pero que luego se traducía, en la práctica, en algo así como "todo el poder para el secretario general, aunque se equivoque".
    En esta época de intereses encontrados y de miedos a los radicales, pesa sobre los políticos una reciente historia plagada de errores económicos y sociales que habían conducido a dramáticos enfrentamientos civiles, mientras el pueblo rebosa ilusión y esperanza en el mañana.
    Estos momentos irrepetibles, reflejados por Vázquez Montalbán con la capacidad de análisis político que le caracteriza y de manejo impecable de la lengua (es uno de los mejores poetas de este fin de siglo, a pesar del gran olvido en que se encuentra esta faceta de su obra), constituyen el trasfondo de Asesinato en el Comité Central, novela donde Pepe Carvalho, el intrépido detective que ya nos fue presentado en Yo maté a Kennedy, refleja sus mejores dotes de investigador basadas en su lógica aplastante. Posiblemente, la minuciosa descripción de la situación social y política de esa España convulsa y expectante sea el mayor logro de esta novela, que no alcanza el valor literario de Los mares del Sur, premio Planeta en 1979.
    Carvalho, ex agente de la CIA, ex comunista, gallego catalanista cuyo rasgo más destacado es el cinismo, tiene, a mi juicio, un grave defecto: las dotes de gourmet de las que hace gala no son ciertas. Muchos de los detalles culinarios en que las novelas de la serie se estancan, en los que el autor, ante la mirada del perplejo lector, se recrea, resultan inexactos o apócrifos, y es que quizá, en uno de esos arrebatos en los que el investigador suele arrojar al fuego algunos libros, arrojó todos los de gastronomía sin haberlos leído aún.
    Pero mejor no quedarse en un aspecto tan puntual.
    Carvalho, el protagonista de la ficción policíaca de Montalbán, es un detective de acción que no necesita un gran despliegue de medios y que apenas hace uso de su arma. El investigador gallego no necesita de la parafernalia que rodea siempre a los grandes detectives de la novela negra norteamericana, como el Philip Marlowe de Raymond Chandler, el Lew Archer de Ross McDonald o el Sam Spade de Dashiell Hammett. A la inversa de estos personajes, cuya acción se convierte en mítica (y se han universalizado en la imagen de actores como Bogart o Newman), Carvalho ofrece un perfil mucho menos seductor, cercano y gris, casi cotidiano. Su realidad, la Barcelona de después de la dictadura donde suceden la mayor parte de sus peripecias, no ofrece posibilidades para generar un héroe de alcance legendario. No es posible imaginar a su ayudante Biscuter y a su novia Charo con los rostros y la amargura elegante de De Vitto o de Lauren Bacall. El protagonista de Vázquez Montalbán, al que prestaron su físico Eusebio Poncela y Patxi Andion, nunca nos revela su exterior, desconocemos si es alto o bajo, si se puede considerar atractivo o no. Tan sólo con el paso del tiempo se pueden observar las cicatrices que va dejando la vida en un hombre otrora de grandes dotes físicas. Es aquí donde radica su principal diferencia con otros detectives de series negras. Mientras James Spader es capaz de alcanzar momentos de una altura insuperable que lo hacen irresistible a cualquier mujer (sea cual sea su estado social), mientras Philip Marlowe nunca envejece y sus aventuras se localizan en una dorada época tras la Ley seca norteamericana, Carvalho podría ser un hombre cualquiera que se cruza con nosotros en la Rambla, que envejece presa del desengaño y se marchita en un momento paralelo al real donde Charo ya no encuentra clientes. Es ridículo hacerse el héroe, y nunca nos quedará París. Y es que el tiempo no perdona.
    Frente al realismo sucio norteamericano, donde siempre hay un resquicio para el happy end y la grandeza del héroe de nuevo cuño hollywoodiense, el realismo español nos ofrece una realidad donde a los personajes sólo les es dado envejecer conviviendo entre la miseria en una época de grandes esperanzas y grandes desilusiones, pero, eso sí, con la pequeña satisfacción de saberse grandes gourmets.


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3) Epílogo de Gerardo Iglesias
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