M.V.M.

Creado el
5/12/97.


Más sobre Galíndez:

1) Artículo de Vázquez Montalbán

2) Otro artículo de Vázquez Montalbán

3) Crítica de Miguel García-Posada

4) Crítica de J.J. Navarro Arisa


E.Haro Tecglen
E.Haro Tecglen.

Reaparece Galíndez

EDUARDO HARO TECGLEN*

EL PAÍS, 15 / 4 / 1990


Una novela sobre un caso no resuelto

Jesús de Galíndez: abogado y combatiente vasco en la República Española, exiliado en Santo Domingo desde 1939, ocupó cargos oficiales en el régimen de Trujillo. Se fue a Nueva York en 1946, donde enseñó en la universidad de Columbia; escribió artículos y relatos, trabajó junto al presidente Aguirre, fue representante en Estados Unidos del PNV. Escribió una tesis doctoral sobre las dictaduras latinoamericanas centrándola en la figura de Trujillo y su opresión sangrienta. Trujillo intentó comprarle el silencio, pero no lo consiguió. El 12 de marzo de 1956, poco después de presentar su tesis, fue secuestrado. No se supo más de él, ni se halló su cadáver. La universidad de Columbia le concedió el título de doctor honoris causa post mortem. La tesis se publicó en forma de libro, La era de Trujillo, y se difundió extraordinariamente en toda América: a España llegaron los acostumbrados ejemplares clandestinos.
Éste es un relato somero de la superficie. Hay un fondo sobre el que se han escrito otras tesis, reportajes y libros de investigación: es el caso Galíndez. La acumulación de muertes en torno al suceso, el asesinato de Trujillo seis años después de la desaparición de Galíndez: la posibilidad de que esté vivo aún bajo un nombre supuesto. El profesor pudo ser agente del FBI y de la CIA, y del Gobierno vasco en el exilio, denunciante de comunistas a cambio de un posible reconocimiento o ayuda de EE UU a su causa; pudo ser, incluso, agente de Trujillo y, según éste, del KGB. En el País Vasco apenas se le recuerda. No sé que sus escritos hayan sido publicados en España.

Honestidad

Sobre estas especulaciones, investigaciones o verdades a medias, y sobre todos los misterios, Manuel Vázquez Montalbán ha construido su novela Galíndez. Es apasionante y tiene la honestidad de dar suficientes pistas para distinguir lo imaginario de lo real, los nombres propios de los de ficcion. Es inevitable recordar aquí viejas discusiones sobre periodismo y literatura, en las que siempre se utiliza uno de los dos términos (en casos especiales de maldad, los dos) como peyorativo para la persona que los reúne. Nunca ha sido el problema de Vázquez Montalbán ni de algunos de sus compañeros de generación. Su prosa nunca ha dejado de ser mágica y su información nunca ha dejado de ser real. En Galíndez la trama de invención es la de una universitaria de EE UU que escribe una tesis sobre la resistencia y la centra sobre este personaje, y la de su compañero vasco, aparentemente ocasional. A ella se la conduce sensiblemente a Santo Domingo -época actual-, donde va a ser asesinada; y él la sigue, llevando inevitablemente el mismo fin. En el relato está el submundo de la emigración hispana en Nueva York, la imaginación de los interrogatorios de Galíndez, la descripción de los lugares de acción, los retratos de los personajes verdaderos y de los de ficción, con pocas y cálidas palabras: los lugares de la acción, la actuación de la CIA. Y las comidas, claro. Y el sexo. Algunos de los tics que acompañan la carrera literaria de Vázquez, con su virtud especial de que siempre parezcan nuevos: y también está su libertad de juicio de siempre, lo que podríamos llamar su conciencia, reflejada algunas veces sólo en frases, otras en pequeños ensayos perfectamente entrelazados con la novela. Como todos somos imaginativos aun sin querer, imagino yo que esa parte nunca hurtada de Vázquez Montalbán en sus artículos -cada vez mejores, más irónicos y más directos al mismo tiempo- y, sobre todo, en sus libros de narración, es ahora más libre que nunca, más desprendida de otras servidumbres -que fueron también parte de su propia conciencia política-, con lo cual responde inteligentemente al desafío de nuestro tiempo, que es el de albergar la contradicción y defenderla.

Prueba de fuego

El mismo personaje de Galíndez -denunciante de comunistas- es una prueba de fuego para Vázquez Montalbán, que sigue siendo militante comunista -del partido catalán, que siempre ha sido un matiz importante de diferenciación- y que, sin embargo, mantiene ante él una neutralidad admirable, tanto en los datos de la investigación que no hurta como en los de la imaginación que superpone. Incluso más que neutralidad: un profundo respeto humano. Se puede decir que en toda su producción de novelista ha tenido siempre esta distancia, también contradictoria con sus personajes: la de la falta de objetividad y, al mismo tiempo, la de la humanidad que siempre hace de ellos seres vivos y calientes. Los datos culturales, la información política, están siempre aplicados sobre personas, sobre caracteres vivos: no sólo se explican a sí mismos con todos los datos de la razón subjetiva, sino que son revelados muchas veces -en este libro- en una escritura en segunda persona, un poco deísta, con una supremacía de autor que quisieron combatir los "novelistas objetivos" o "de la mirada" y que vuelve aquí con toda su fuerza. La mirada de Vázquez sobre seres y objetos -fungibles o permanentes- nunca es óptica: siempre es de persona a persona, de escritor a lector. Y parte de su magia de prosa puede ser que el vocabulario sea al mismo tiempo ceñido y fantástico. Real e imaginario.


Más sobre Galíndez:

1) Artículo de Vázquez Montalbán

2) Otro artículo de Vázquez Montalbán

3) Crítica de Miguel García-Posada

4) Crítica de J.J. Navarro Arisa


* Eduardo Haro Tecglen es periodista y opinion maker. Es el candidato de Vázquez Montalbán a presidir la IIIª República Española.