M.V.M.

Creado el
4/12/97.
Más cosas sobre Carvalho:

1) Biografía.
2) Su familia.
3) Los viajes.
4) La cocina.
5) Los restaurantes.


Un cronista escéptico

ROSA MORA

EL PAÍS, 19 / 2 / 1997.


E. Poncela

Eusebio Poncela no fue un buen
Pepe Carvalho en TVE.
Aprender a matar fue lo más difícil. Pepe Carvalho tuvo un buen maestro, el ex relojero suizo Phileas Wonderful. "Las vacilaciones", le decía, "no proceden de una repugnancia natural sino cultural". Carvalho aún no era detective y estaba aprendiendo cinismo a marchas forzadas. Atrás quedaban sus tiempos de militancia en el Partido Comunista, pero incluso cuando aún era creyente se mantenía fiel a la consigna de Machado: duda de tu propia duda. Ya pensaba eso en 1956, durante un encuentro de jóvenes con Fernando Garrido, el secretario general del partido que luego fue asesinado (Asesinato en el Comité Central, 1981). Su fe disminuyó a cero y sobre todo se hartó de su mujer, Muriel, que quería que estuviera siempre "en la repugnante tensión de la pretendida autenticidad". Cuando abandonó a Muriel y cambió de camisa las cosas le fueron mejor. Se largó a Estados Unidos a trabajar como lector de español en una universidad del Medio Oeste, luego fue contratado para traducir en una oficina de información del Estado, después le encargaron algunos trabajos especiales y cuando se dio cuenta era un agente de la CIA. "O se está con Muriel o se está con la CIA". Así nació Pepe Carvalho en Yo maté a Kennedy (1972). Fue fichado como guardaespaldas del popular presidente, cuyo futuro espiritual estaba, según Carvalho, en The way, de Escrivá de Balaguer. Le encargaron matar a Kennedy. ¿Lo hizo? Admite que aceptó cobrar: "De esta manera destruyo en mí mismo cualquier coartada de convención moral".

Manuel Vázquez Montalbán escribió esta novela (muchos consideran que la primera de la serie fue en realidad Tatuaje) entre 1967 y 1971, casi paralelamente a su Manifiesto subnormal. Planeta y Seix Barral prepararon su lanzamiento, aunque cuando Barral la presentó a la censura franquista ésta le puso muchas pegas, en cambio la aceptó cuando la pasó Lara. Pese a todo, acabó en las mesas de saldos.

A lo largo de una quincena de libros y un buen número de relatos se desarrolla la personalidad de Carvalho. Su creador suele rechazar la adscripción al género policiaco y prefiere la denominación de novela-crónica. Crónica de la España de la transición, del desencanto, del rechazo de la cultura como filtro de la realidad, del permanente cuestionamiento. Frente al experimentalismo anterior, son textos realistas tamizados por una ironía salvaje, aunque, cuanto más se cabrea Montalbán con el entorno más regresa a lo experimental: la serie olímpica, por ejemplo (El laberinto griego y Sabotaje olímpico).

Carvalho deja la CIA y ya liberado de toda ideología regresa a España en Tatuaje y empieza a trabajar como detective privado ("somos como termómetros de la moral establecida", le dice a Biscuter en Los mares del Sur, premio Planeta 1979). Empieza a quemar libros (los primeros son España como problema, de Laín Entralgo, y el Quijote) y a preocuparse por su cuenta de resultados. Ha ahorrado casi medio millón de pesetas y en Los mares del Sur ya tiene casi 1.200.000 pesetas. Estas novelas, junto a La soledad del manager (1977), Asesinato en el Comité Central (1981), La rosa de Alejandría (1984), Los pájaros de Bangkok (1988) y El premio (1996) son las más contundentes de la serie.

Barcelona

Huidas y regresos, con principio y fin siempre en Barcelona, historias imposibles, un Norte-Sur en su propia ciudad (vive en Vallvidrera y tiene el despacho en las Ramblas), soledad, amargura y escepticismo progresivos... son agunas de las constantes. En La rosa de Alejandría Carvalho ¿se siente viejo? ¿generoso?, le pide a Charo que se vaya a vivir con él y ella le dice que no. ¿Qué hace? Se va al mercado de La Boquería en busca de los ingredientes para una suculenta cena con su amigo el gestor Fuster. ¿Para celebrar qué? "La imposibilidad de celebrar nada".

Bromuro ha muerto. Charo se ha ido. Biscuter trata de independizarse, Fuster está preocupado porque todos sus amigos tienen infartos. Ya ni siquiera le gusta su ciudad. Los JJ OO han matado todas las bacterias que le permitían sobrevivir. En El premio invita a Carmela (no la había visto desde Asesinato en el Comité Central, hacía ya 15 años) a irse con él a Buenos Aires donde le han encargado que busque a un desaparecido. Carmela dice que no, pero Carvalho se irá. En su próxima novela.

Está cansado. Cansado de sí mismo, de este país, de esta gente, pero sigue siendo el detective español más popular. Un referente.

Una puñalada

De todos los carvalhos quizá el que ha despertado más expectación haya sido Asesinato en el Comité Central, por la cantidad de referencias y alusiones. A Santiago Carrillo, por ejemplo, aún le escuece. "...Cuando se publicó lo sentí como una auténtica puñalada. La que recibió físicamente Fernando Garrido iba dirigida políticamente contra mí.". Lo admite Carrillo en un artículo incluido, junto a textos de Gerardo Iglesias, Rafael Ribó, Ramón Tamames y Cristina Almeida, como epílogo de la reedición que ha hecho Planeta. "...El escritor escogió la forma de la novela policiaca para elaborar un libro político. Si el género se ha prestado a estupendas novelas de crítica social, que yo sepa, nunca se ha utilizado para mediar en una polémica interna del partido". "No me gustó el libro entonces y además debo confesar que no me gusta el personaje de Carvalho, como héroe literario; puede que sea un buen detective, pero políticamente es un aventurero, cínico y golfo, tan gourmand como gourmet, además inclinado al chuleo".

Montalbán terciaba en el debate del PCE como "un renovador de izquierda", opina Carrillo. Se publicó en un momento en que el partido vivía una profunda crisis. Pasado el tiempo, dice el ex secretario general, ha perdido algo de su carácter político. "...La conclusión que entonces apuntaba Montalbán era la necesidad de una nueva izquierda".


Más cosas sobre Carvalho:

1) Biografía.
2) Su familia.
3) Los viajes.
4) La cocina.
5) Los restaurantes.