M.V.M.

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Creado el
28/8/1998.


CARVALHO EN PANTALLA


La serie lleva el título Pepe Carvalho. Se ha emitido entre marzo y abril de 1999 por Vía Digital, y entre marzo y abril de 2000 en Tele 5.


Sumario de esta página
  • Notas sobre el nuevo Carvalho televisivo
  • Entrevista con Vázquez Montalbán sobre el nuevo Carvalho televisivo
  • Artículo sobre la miniserie argentina non nata con Juan Diego como Pepe Carvalho
  • Breve historia del Carvalho cinematográfico
  • Columna de Vázquez Montalbán sobre el Carvalho de Eusebio Poncela
  • Columna de Juan Cueto sobre el Carvalho de Eusebio Poncela

    CARVALHO DE NUEVO EN TELEVISIÓN

    Mayo 1999


    Con Charo
    Con Biscuter
    Carvalho con Charo (arriba, foto Salvador Sansuán) y con Biscuter (abajo).
    Finalizó el pasado diciembre el rodaje de la nueva serie televisiva sobre Carvalho, protagonizada por Juanjo Puicorbé en el papel del detective, la italiana Valeria Marini en el de Charo y el francés Jean Benguigui en el de Biscuter (ver fotos), además del uruguayo Walter Vidarte como Bromuro, y el catalán Lluís Marco, que interpreta al inspector Contreras.
        La serie consta de seis capítulos, con diferentes directores. En los guiones participa Vázquez Montalbán, que promete juzgar la serie sólo cuando la vea: la anterior experiencia, producida por TVE en 1987, fue catastrófica y el padre de Carvalho no sólo escribió una incisiva columna en EL PAÍS, sino que se encargó de matar al padre de la serie en Asesinato en Prado del Rey.
    Esta vez el riesgo no es que nazca la enésima españolada, sino que el Carvalho televisivo no tenga nada que ver con el literario: Juanjo Puigcorbé ronda los cuarenta, mientras que Carvalho anda por los sesenta. Además el Carvalho televisivo aparecerá despolitizado y las referencias al franquismo serán completamente eliminadas. Valeria Marini anda por los treinta años y hará de cabaretera en vez que de prostituta. Es la protagonista de una reciente película de Bigas Luna, muy famosa en Italia por su papel de femme fatale atontada en sus numerosas apariciones televisivas. Su participación en la serie Carvalho ha desatado polémicas en este país que admira tanto a Carvalho como la polémica gratuita.
        El cast que Vázquez Montalbán había soñado hubiese sido fenomenal: Philippe Noiret como Carvalho y Anna Galliena en el papel de Charo. Pero el mercado manda y su idea no fue más allá de una cena con el actor francés, de la que el escritor conserva una botella de vino «que ÉL tocó».
    Libre del deber de la elección de actores, para este telefilme Vázquez Montalbán ha elegido las historias que le parecían más televisivas y las ha adaptado a la actualidad, pues la serie está ambientada en los noventa. Sobre la base de su trabajo, otros han elaborado los guiones finales.
    Pepe e Charo
    Juanjo Puigcorbé e Valeria Marini sono
    Pepe Carvalho e Charo García López
        El presupuesto de cada episodio es de 160 millones de pesetas. Por parte española, participan Tele 5, Vía Digital, Cartel y el Institut Català de Cinema, que aportan el 40% del capital. Francia (Tanaïs Com) e Italia (Solaris Cinematografica) colaboran con un 30% cada uno. La serie se emitirá pues en los tres países, y por esto el cast es tan internacional. Y también los episodios lo son, teniendo sólo un lejano parentesco con las novelas o relatos que llevan el mismo título. Los capítulos son: La soledad del mánager (rodado en París, dirigido por el algerino Merzak Allouache), Padre patrón (rodado en Francia, dirigido por Emmanuelle Cuau), Buscando a Sherezade (rodado en Italia bajo la dirección de Franco Giraldi), El delantero centro fue asesinado al atardecer (rodado en Italia bajo la dirección de Franco Giraldi), Tal como éramos (rodado en España bajo la dirección de Rafael Moleón) y El hermano pequeño (el primero en ser rodado, en Barcelona, dirigido por Enrique Urbizu).
    MVM con Puigcorbé
    Juanjo Puigcorbé y Manuel Vázquez Montalbán en las inconfundibles inmediaciones de Casa Leopoldo.
        Juanjo Puigcorbé ha declarado que le encantaría protagonizar la nueva tanda de seis episodios que Tele 5 proyecta producir más adelante. El actor dice haber disfrutado interpretando a Carvalho, «una persona inteligente, que se interesa por la gente y hurga en el alma de los demás; tiene un buen vivir mediterráneo».
        Por su parte, Vázquez Montalbán ha declarado que «la interpretación es excelente y Puigcorbé aporta una nueva lectura muy interesante. Importa más lo que no dice que lo que dice».

        El restaurante Casa Leopoldo, que acaba de cumplir sus primeros 70 años, ha sido el punto de referencia del rodaje de la serie: tanto el final de su rodaje, en diciembre pasado, como la presentación de la serie a la prensa, a principios de febrero, se celebraron allí, en una cena y una comida respectivamente. A la primera acudieron todo el equipo técnico del rodaje, además de parte de la producción y del reparto: Juanjo Puigcorbé (al que le regalaron una camiseta con la inscripción "Yo sobreviví a Carvalho") y la espectacular actriz que interpreta el papel de Beatriz Maluendas.
    Vázquez Montalbán acudió acompañado por un grupo de gastrónomos italianos y se escabulló silenciosamente a medianoche en punto.

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  • Carvalho envejece conmigo

    Teresa Cendrós

    EL PAÍS, suplemento EL ESPECTADOR, 7 / 3 / 1999


    Con Urbizu
    Juanjo Puigcorbé con Enrique Urbizu,
    director de los episodios españoles de la serie.
    El detective español más famoso, el gallego afincado en Barcelona Pepe Carvalho, investiga desde el jueves 4 de marzo pasado en Vía Digital. El canal Gran Vía ofrecerá hasta mediados de abril los seis primeros capítulos de la serie Pepe Carvalho —protagonizada por el actor Juanjo Puigcorbé—, que en otoño estrenará en abierto Tele 5. El padre de la criatura literaria, Manuel Vázquez Montalbán, asegura estar tranquilo con esta versión televisiva, que ha respetado, dice, una clave del personaje: su memoria histórica. Una memoria que, dada la edad de Puigcorbé, no puede ser la misma del Carvalho original, un hombre que ahora tiene más de sesenta años, vivió la guerra civil y arrastra un pasado que mezcla una faceta comunista con otra de ex agente de la CIA.

    ¿En qué circunstancias alumbró a Carvalho?
        —Pepe Carvalho aparece por primera vez en Yo maté a Kennedy, en 1972. Era el guardaespaldas del presidente y también su asesino. Aquélla fue una novela muy experimental. Una especie de parodia de James Bond en clave de política-ficción y una reflexión sobre la sociedad española bajo el franquismo. Dos años después, en una noche de borrachera, hice una apuesta con un amigo. Me desafió a escribir en 15 días una novela de policías y ladrones. Lo hice: la titulé Tatuaje. Y en ella convertí a Carvalho en personaje.

    ¿Qué diferencia al suyo de otros detectives literarios?
        —Carvalho es contemporáneo al tiempo en que escribo. Eso me permite, por un lado, reflejar la realidad del momento, y por otro, que el personaje tenga memoria histórica. Envejece conmigo. Ya tiene 60 años.

    Ésta es una primera diferencia respecto al Carvalho televisivo, que aparenta cuarenta y pico.
        —Es que ya no hay héroes de más de sesenta años. Excepto, tal vez, Paul Newman. El Carvalho que encarna Juanjo Puigcorbé es joven. No ha vivido ni la guerra civil ni la posguerra y sólo la última época de la opresión franquista. Pero no es un yuppy ni un pasota. Sólo pedí a los guionistas de la serie que respetaran una de las claves del personaje: la memoria histórica, adaptada a su edad. Y estoy tranquilo porque me han hecho caso, al menos en los dos episodios que he visto: los dirigidos por Enrique Urbizu y el argelino Merzak Allouache. Y no era sencillo. La juventud del personaje ha exigido una minuciosa operación de cirugía ética.

    ¿Tan importante era que el personaje mantuviera esta característica?
        —Claro que sí. La derecha quiere una historia sin culpables. Y eso significa no poder buscar en el pasado las causas del presente. Por ejemplo, las de la matanza de indígenas en América. Para mí era esencial que la serie conservase la memoria histórica.

    ¿Qué piensa del Carvalho de Puigcorbé?
        —Agradezco que no se pase la película hablando. Eso es fundamental. Habla poco, actúa mucho y dice cosas con la mirada.

    ¿Cuándo vio a Carvalho por primera vez en una pantalla?
        —Fue en Tatuaje, de Bigas Luna, en 1976. Muy poco tiempo después de publicar la novela.

    Carvalho era Carlos Ballesteros. ¿Recuerda cómo vivió la experiencia?
        —Me gustó que fuese la ópera prima de un director, y aunque tenía algunos defectos de diálogo y de estructura, reconozco que el filme aportó una mirada nueva y no comercial al personaje. Después ha habido más adaptaciones. Hasta ahora no ha habido término medio. O han respetado demasiado la obra o no la han respetado en absoluto. Algunos se han inventado un Carvalho inverosímil, que podría ser Mannix, por ejemplo. Hablo de la serie que Adolfo Aristaráin rodó para TVE. Eso no quita que Aristaráin sea un excelente director, pero secuestraron los guiones. Tengo que confesarle algo: espero poder ver en el cine antes de morir un Carvalho satisfactorio. En realidad, confío vivir lo bastante para ver otras dos cosas: el recambio al frente de la presidencia del Barça y de la Generalitat.

    Deduzco que no se ha implicado demasiado en las versiones cinematográficas que se han hecho de Carvalho.
        —Prácticamente nada. En la primera película le pedí opinión a Juan Marsé, que tenía experiencia en estos asuntos, sobre qué creía que debía hace    —Me respondió: "Vale más que no intervengas". Y eso es lo que he hecho siempre. Asesorar y poca cosa más.

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    El Carvalho argentino

    Ricardo García Oliveri

    Clarín, 3 / 11 / 1997


    Inesperada, insólita, excelente, atrapante, la idea de importar al detective gallego, residente en Barcelona, Pepe Carvalho, y convertirlo en protagonista de una miniserie para televisión ambientada en Buenos Aires, fue saludada con alegría por los fanáticos que tiene el personaje a un lado y otro del Atlántico. De eso hace mucho tiempo. El proyecto arrancó, en la cabeza del realizador Luis Barone (el mismo que este año estrenó su primer largo, 24 horas - Algo está por explotar), allá por 1989 o 90. Le llevó su tiempo convencer a Manuel Vázquez Montalbán, el escritor español que creó al personaje un cuarto de siglo atrás, traerlo a éste al Río de la Plata para que supiera cómo venía la mano, y conseguir inversores, tarea en la que contó con el invaluable aporte de la productora Liliana Mazure. Por fin, a principios de 1993 anunciaron que se había concretado en catorce capítulos, con uno doble —el inicial— que llegaría también a los cines y con José Sacristán como el sexto Pepe Carvalho de la historia. Y en octubre de ese año comenzaron a rodar con Juan Diego como protagonista. De allí en más, silencio absoluto. Todo pareció irse al demonio —de hecho, se fue— mientras diferentes versiones rodaron durante un tiempo.

    Ahora ya no, pero el actual lanzamiento de Quinteto de Buenos Aires, el nuevo libro de Vázquez Montalbán sobre Carvalho, precisamente resultado de aquellos episodios que tenían como nexo la búsqueda de un español desaparecido aquí durante la dictadura militar, ha puesto el tema nuevamente sobre el tapete. Y de una manera contundente. Clarín tuvo acceso a ese piloto, que realmente sorprende por su factura (y que permite señalar en Luis Barone algo muy parecido a un estilo). El propio Vázquez Montalbán, de paso por Buenos Aires, considera que el "argentino" se destaca entre todos los Pepe Carvalho existentes.

    "Sin lugar a dudas, es lo mejor que se ha hecho hasta ahora alrededor del personaje. Desde luego, si la miniserie finalmente se concreta, algunas correcciones habrá que hacerle, pero es un trabajo digno y, además, muy arriesgado."

    ¿Tiene idea de los motivos que impidieron su realización?
        —Fueron múltiples. En un primer momento, se contaba con un fuerte aporte económico de la Argentina y se consiguió interesar a una cadena de la televisión italiana; pero ésta puso como condición que también entrase en el negocio la televisión española estatal, en el preciso momento en que RTVE entraba en una de sus etapas de retracción. Hubo hacia ésta un acercamiento posterior, pero coincidió con el cambio de gobierno, cuando nadie quería hacerse responsable de nada.

    Usted acaba de expresar "si finalmente la miniserie se concreta". ¿Es que no han tirado la toalla, pese al tiempo transcurrido?
        —De ninguna manera. Nunca lo hicimos, pero si hubo algún decaimiento, la aparición del libro ha venido a insuflar nuevas fuerzas. Además, ahora los interesados podrán tener una idea más precisa del contenido de la historia.

    Rotulado Pepe Carvalho en Buenos Aires como la miniserie en general, el visto no es el primer capítulo sino uno de los siguientes. Aparecen junto a Juan Diego los argentinos Pepe Soriano, Rubén Stella, Gigí Rua, Luis Luque, Manuel Callau, Danilo Devizia, Adriana Varela, Horacio Roca, Gogó Andreu y Elcira Olivera Garcés, entre otros. La producción es de Pablo Rovito y la música de Jaime Roos; coguionista fue Martín Salinas (Gaby).

    Este nuevo Carvalho sucede a los cuatro que dio el cine español: Carlos Ballesteros en Tatuaje (1976) de Bigas Luna; el cantautor Patxi Andión en Asesinato en el Comité Central (1981) de Vicente Aranda; Juan Luis Galiardo en Los Mares del Sur (1991) de Manel Esteban, y el italiano Omero Antonutti en El laberinto griego (1992), de Rafael Alcázar. Y a Eusebio Poncela, su antecesor en la pantalla chica, dirigido por Adolfo Aristarain en los años 80. Una miniserie que a los españoles no les gustó —incluido Vázquez Montalbán—, pero que muchos argentinos aman. Tal vez sea el nuevo proyecto el encargado de alcanzar la tan ansiada unanimidad.

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    Un detective sin suerte en el cine

    Quim Aranda

    Actas del Año Carvalho


    Carvalho no ha tenido suerte ni en el cine ni en sus adaptaciones al formato televisivo. Cuatro versiones para la pantalla grande —Tatuaje, Asesinato en el Comité Central, Los mares del Sur y El laberinto griego, a pesar de que en esta última el personaje no se llamara Carvalho sino Bardón—, algún experimento en vídeo —Olímpicament mort—, una lamentable serie de Television Española en la década de los 80 y una non nata serie argentina, también para televisión, de la que sólo se rodó un episodio piloto con Juan Diego en el papel del detective. Interpretación de la cual Manuel Vázquez Montalbán ha dicho sentirse plenamente satisfecho, así como de la dirección, de Luis Barone.
        Carvalho no ha tenido suerte en el complejo salto del libro a la pantalla, entre otras razones porque nunca ha tenido un rostro que resumiera, condensara y supiera explotar los infinitos matices del personaje de Montalbán, como sí han tenido, por ejemplo, Marlowe, Spade o James Bond, identificables todos ellos con actores y maneras ya míticas.
        Pero además, porque las adaptaciones han chocado con la inevitable reducción del complejo mundo carvalhiano. Por el camino, pues, se ha perdido parte de su riqueza.
        Las cuatro películas del ciclo —presentadas con motivo de las Jornadas Carvalho, dentro de los actos conmemorativos del 25 aniversario— son sobre todo el testimonio que refuerza la idea de que todavía hay un campo por explotar, un reto para realizadores, guionistas, productores y actores. Cada una de las películas del ciclo, siempre por razones diversas, tiene interés. Es ésta una oportunidad para revisarlas críticamente, para plantearse nuevos retos. La materia literaria esta ahí. Todavía intacta.

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    Carvalho

    Manuel Vázquez Montalbán

    EL PAÍS, ¿abril? / 1986


    Poncela
    Eusebio Poncela fue Carvalho en TVE y sigue siéndolo en el imaginario de muchos españoles.
    Cada viernes por la noche contemplo la serie Carvalho, con una mano sobre los ojos, los dedos separados, eso sí, para ver y no ver. Para ver lo que reconozco y para tratar de no ver lo que me resulta irreconocible. La semana pasada tuve que dar crédito a mis ojos porque los tenía bien abiertos, pero me resultó difícil reconocerme como remoto argumentista de un capítulo titulado El mar, ese cristal opaco. El título sí era mío y en el guión original se justificaba mediante la cita de un verso de Carlos Barral, "...de cuando el mar es un cristal opaco", pero en lo que yo estaba viendo el mar no era de invierno y por tanto ni era de cristal opaco, ni ningun hecho o personaje se responsabiliza del título. O yo no lo supe ver.
        En cambio, sí asistí aturdido a un despliegue sexual de Carvalho digno de un Mickey Spillane. Aquél no era mi Carvalho, sino un extraño atleta sexual japonés dispuesto a fornicar como un obseso, a vagina por cada cinco minutos de programa. No es que mi Carvalho sea un santo, pero tiene un cierto autocontrol sexual, más relacionado con el sentido del ridículo que con el del pudor. Además, este Carvalho televisivo es un deslenguado que se ha tomado a Cela al pie de la letra y lleva el taco pegado a los labios, como si fuera una colilla de Peninsulares.
        No discuto que el director y definitivo arreglador de los inocentes guiones originales sea un excelente realizador, pero junto a esta cualidad habría que connotarle como un obseso sexual de los que no quedan. En mi escritura, Carvalho es ante todo un tocón visual de lo vivo y lo muerto. En la serie de televisión, Carvalho es un pulpo de vagón de metro que no respeta escote, nalga ni otras vísceras. Pero no sólo Carvalho sirve de medium de las obsesiones sexuales del realizador. En cuanto te descuidas, hasta los extras te violan a quien menos se lo espera, con una rapidez de reflejos y movimientos que para sí hubiera querido el legendario Jimmy, el rápido. Ya sin el recurso de escribir a doña Elena Francis para que me aconseje, trataré de contemplar los últimos capítulos sin escandalizarme. No sé si lo conseguiré.

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    El asesinato de Carvalho

    Juan Cueto

    EL PAÍS, 23 / 3 / 1986


    Juan Cueto se ocupaba en esos años de la columna La cueva del dinosaurio, en la sección de televisión de EL PAÍS

    Conozco por lo menos a media docena de carvalhófilos de mi tierra que están verdaderamente sulfurados con el castigo que TVE le está infringiendo al antihéroe de Manolo Vázquez Montalbán. El autor, sin embargo, parece bastante menos indignado que sus fans con la mutación que Pepe Carvalho experimentó en el curso de ese triple salto mortal de la página a la pantalla. Me comenta Manolo el entuerto televisual con idéntico laconismo que si me comentara una errata de doble filo en su columna última de los jueves.
        Se toma Vázquez Montalbán muy en serio su profesión de escritor, cosa que admiro, pero lo más envidiable de todo es la discreción con la que siempre elude hablar en público o en privado de sus escritos y de su escritura. No es falsa modestia, simplemente es buena educación. En estos tiempos en los que se agrede con el divismo, el yoísmo y el triunfalismo, y se da la lata a todo bicho bebiente de la noche, especialmente de la noche madrileña con las excelencias de la obra de uno (y dicen así: "mi Obra"), este tipo esquinado con pinta de funcionario de telégrafos de una película del Oeste (imagínenselo con chaleco floreado, manguitos, gorra visera y refunfuñando por el retraso de la diligencia), que es leído con fervor por galos, germanos y anglosajones, al que cuesta un huevo hacer sonreír por fuera, es uno de los seres más elegantes de nuestra cultura. Y lo es por las muy hurañas maneras que Manolo tiene de no darse jamás en espectáculo.
        Pero con esta serie de los viernes titulada Pepe Carvalho creo que el padre de la criatura debería transgredir por unos momentos su insó1ita discreción literaria y poner si no el grito patético en el cielo por tamaña tergiversación de su personaje, como harían y hacen la mayor parte de sus colegas por atentados infinitamente menores, sí el grito mordaz en el interno de TVE. Porque ni Eusebio Poncela tiene el menor parecido físico o metafísico con el ya célebre detective gallego, ni ésas son las manías, los ambientes, las referencias culturales, los guiños y los procedimientos investigadores de Carvalho y sus compadres.
        Distingamos, que para eso nos pagan. La serie, al margen de la obra, del guión y del personaje manolista, vazquista o montalbanista (¿cómo rayos se pronuncia tu fenómeno, noúmeno?), es una de las pocas producciones de TVE que posee envergadura cinematográfica digna de crédito. Quiero decir, digna de los títulos de crédito de cualquier película medianamente internacional. Raras veces he visto en las mercancías manufacturadas para ser emitidas por el televisor una de aspecto externo tan exportable, dotada de ambientación, iluminación y realización sencillamente creíbles, y que consigue el milagro de incurrir en narración urbana desde el presente sin que se fundan los plomos de la verosimilitud y sin que te pongas colorado cuando los personajes atraviesan un paso de cebra, entran o salen de unos grandes almacenes cargados de paquetes, conducen a más de 100 por hora por la ciudad con un cigarrillo en la comisura de los labios o se apoyan en una barra dispuestos a tomar una copa para olvidar a una chavala.
        Para que una narración pertenezca a la difícil categoría de la cultura urbana del presente, hecho extraordinario no sólo en nuestro cine, sino, sobre todo, en nuestra literatura, no basta que las cosas ocurran en una ciudad y que los relojes, los calendarios y los titulares periodísticos de la historia marquen la hora y la fecha del momento. Ahí está, por ejemplo lamentable, ese calambre sentimentaloide de los jueves titulado Segunda enseñanza, que, a pesar de traficar insistentemente con el presente y con lo urbano, ha logrado un producto espléndidamente decimonónico, pero no exento del morbo típico de aquellas producciones nacionales de la serie S.
        Ya digo, lo de Pepe Carvalho suena bien si hacemos abstracción del personaje, de la materia prima novelística y, por lo visto, de los guiones originales. Pero es un asesinato literario. No vamos a discutir ahora, otra vez, de las tormentosas relaciones entre el cine y la novela. Eso queda bien para los cursos de verano, para esos actos culturales que adornan los certámenes de cine en decadencia y para los coloquios de cineclub. Seguramente hay que resignarse a la traición y pensar que, no pocas veces, el traidor está por encima del traicionado. No creo que sea el caso de este Pepe Carvalho. Hay en la arquitectura del personaje diseñado por Manolo Vázquez Montalbán unos rasgos, un sentido del humor, unos tics y una metodología detectivesca que hubiera quedado excelentemente en la pequeña pantalla.
        Decía Chandler que el tránsito de la novela policiaca tradicional a la novela negra ocurre cuando el crimen se aleja de los jarrones venecianos y es arrojado al callejón de mala muerte de las grandes ciudades. La originalidad del privado Carvalho es que ha dado el salto de los callejones de Nueva York o Chicago a los barrios cotidianos de la Barcelona actual. Y eso es justamente lo que aquí se ha evaporado. Este Carvalho de la televisión lo mismo sirve para callejear por las Ramblas que por Saint Germain, la avenida de los Ingleses de Niza, la Via Veneto, Gloucester Road o por los alrededores del muro de Berlín. Es decir, no es nuestro Carvalho.

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