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Así éramos en los años CuarentaEDUARDO HARO TECGLEN*EL PAÍS Semanal, 5 / 6 / 1994
En las esquelas de los periódicos fue corriente ver durante dos o más años después del último parte de guerra la anotación: "Murió víctima de los padecimientos sufridos en la zona roja", o las alusiones directas al asesinato. Las otras muertes aparecían muy pocas veces: en casos señalados, en los periódicos se publicaba una noticia de redacción y título obligatorio: "Sentencia cumplida". Se refería solamente a las consideradas legales por los consejos militares. Gran parte de los asesinatos dejaban constancia en los registros (los que la dejaban) con la mención de "fallo cardiaco". Una frase de Gaetano Mosca, escritor italiano:"Todo régimen que persiga adecuadamente a sus adversarios puede mantenerse en el poder indefinidamente". Franco recibe a la Junta Técnica de Acción Católica y dice: "Es nuestra tarea, ahora, recristianizar nuestra nación". Entre el parte de guerra final del 1 de abril de 1939 y el principio de la guerra mundial (invasión de Polonia por Hitler, 1 de septiembre) sólo habían transcurrido cinco meses. Ninguna nación, en vísperas de crisis mundial, podía ayudar a España, y la reconstrucción no había comenzado (se creó una dirección general: de "Regiones Devastadas"). Sin embargo, todos querían que esta pieza clave de la geopolítica les fuese amistosa. El Reino Unido y Francia habían reconocido el régimen franquista antes de terminar la guerra civil, y Franco elevaba sus amistades y valedores a la categoría de pactos: amistad y no agresión con Portugal hispano-germano (más tarde, Bloque Ibérico) y, sobre todo, el Anti Komintern (27-III), para el que tuvo una gran sorpresa: el pacto germano-soviético del mes de agosto. Ante la invasión de Polonia, España se declaró neutral. |
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"Si alguien, por ahí, se figura que nuestra neutralidad quiere decir constitución de una especie de Suiza mental, oficial y oficiosa, en el Estado y la Falange, o una conciencia híbrida y eunucoide enturbiada por la impotencia, de niebla y lágrimas, no conoce al Estado que ha nacido como Estado heroico y militar" (Arriba, 24 de mayo de 1940). |
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Bueno, había chicas libres: lo habían sido antes, tenían la educación que daba el feminismo de Hildegard, o de Federica Montseny y los anarquistas, pero su situación era bastante complicada. Naturalmente, no podían ir a esas casas: quedarían marcadas. Ni a los reservados de algunos restaurantes. Los palcos de los cines comenzaron a estar vigilados. Había los grandes besos, las grandes manipulaciones, en las últimas filas de los cines: pero podía aparecer el acomodador, enfocar la linterna y mostrar al señor que le acompañaba: policía (en cada local solía haber un agente de servicio). Sólo costaba una multa. Y, lo peor: una nota en los periódicos con el título de Multados por cometer actos inmorales en los cines, y los nombres del chico y la chica. A alguna le costó ser expulsada de su casa. Al chico le felicitaban sus compañeros: pero en los colegios de frailes o monjas se podía llegar a la expulsión. "Guapo, di que soy tu novia", decía de pronto, en la noche, una chica que se agarraba al brazo de un hombre que pasaba por la Gran Vía: para burlar la redada de la policía. A las prostitutas las pelaban, las llevaban a un campo de concentración y, según ellas, no dejaban de violarlas. También dependía de quién saliera valedor por ellas o por ellos: para los homosexuales había un campo; creo recordar que el de Nanclares de la Oca estaba dividido para hombres y mujeres. Por la moral. Muchos, generalmente intelectuales, huyeron de España por este motivo. Incluso un biógrafo de José Antonio Primo; quizá enamorado de él en silencio. Estaban la Casa de Campo, la carretera de Castilla, más montaraces que ahora (cuidado con la de El Pardo: el camino hacia Franco estaba vigilado), se podía llevar a la novia, aunque ella, como el cordero hacia el altar del sacrificio. La policía tenía perros adiestrados al olor sexual: olfateaban, corrían silenciosos y sólo ladraban cuando tenían bajo sus patas a la pareja horrorosa, pecadora: inmovilizados, eran fotografiados por el flash de los guardias, que avisaban a los familiares con la foto ya revelada y se la mostraban: no había más delito que la multa y el deshonor. Para los casados, tenían preparada una denuncia escrita y, cuando llegaba el cónyuge que no sabía por qué su pareja estaba detenida, le mostraban la foto y le ponían delante la denuncia para que firmase: el adulterio era sólo perseguible a petición de parte (en algunas épocas, comportaba pena de siete años de prisión. El adulterio entró en el Código Penal en mayo de 1942). La guerra sigue siendo un relámpago, y Hitler es Júpiter: invasión de Yugoslavia y Grecia, ataque a la URSS, sitio de Leningrado, ataque a Moscú, asalto japonés a Pearl Harbor, ocupación de la Francia de Pétain... "Rusia es culpable", grita Serrano Suñer desde el balcón de Alcalá, 43, ornado con unas enormes flechas de Falange: es el principio de la División Azul. Y cuando se denunciaba al cónyuge, aunque no se le denunciase o se retirase la acusación, ¿qué hacer? El divorcio había sido derogado en toda España (25 de noviembre de 1939), al mismo tiempo que el matrimonio civil: con efecto retroactivo. En la zona franquista ya habían purgado o arreglado su situación los que estaban en esas condiciones: al invadir la zona republicana, todos los matrimonios de guerra, los civiles de la República y todos los divorcios quedaban, simplemente, como no existentes (igual que el dinero y las cuentas corrientes bancarias de la guerra civil, igual que los títulos académicos: habían dejado de existir). Habían tenido hijos: de repente se convertían, de legítimos, en naturales o adulterinos, o de padres desconocidos. Este afán de borrar registros llegó hasta a partidas de nacimiento (por ejemplo, la de Casares Quiroga en La Coruña, padre de María Casares). Se arrancaban del libro. Nadie estaba en condiciones de protestar, excepto algunos ajenos a la cuestión: los inscritos en la otra cara de la hoja, que se veían así privados de existencia sin tener relación ninguna con el suceso. Aparece el NO-DO. Se nutre del Luce italiano, del UFA alemán; los cámaras españoles empiezan a hacer reportajes. Aparece, también, la costumbre de llegar un cuarto de hora más tarde al cine para evitarlo. El régimen, en busca de una legitimidad: fundación del Consejo de Estado, reapertura de las bolsas, Comisión de Regulación de la Producción, reforma tributaria (Larraz), Consejo de Economía Nacional. Lo inverso: Tribunal de la Masonería y el Comunismo, del Frente de Juventudes, ley para la devolución de las expropiaciones de la reforma agraria de la República. Y asalto a Gibraltar. Explicaba Serrano Suñer: "Después de 200 años de mansedumbre y tristeza, nuestro único discurso es ¡Arriba España, arriba España, arriba España!". Y Franco cambiaba la neutralidad (que ya se vio cómo era) por la no beligerancia (que era lo mismo: pero que fue el primer estatuto de Italia antes de entrar en guerra junto a Hitler). La entrevista de Franco con Hitler en Hendaya, prolongada por la de Serrano en Berlín. Todas las versiones que se deseen. Una gran parte de los historiadores imparciales mantenían que el deseo de Franco y el de Serrano era el de entrar en la guerra, vencida ya Francia, a punto (creían) el desembarco en Inglaterra, para recoger los frutos imperiales (expuestos en un libro de José María Areilza y Fernando Castiella, Entre Hendaya y Gibraltar, que fue famoso: 1941). Después de la caida del III Reich, el régimen mantuvo que la "astucia de Franco" evitó que Hitler arrastrase a España a la guerra: creo que ésa es la tesis actual de Serrano Suñer. En la última biografía de Franco, la de Paul Preston, se dan detalles de cómo fue Hitler el que se negó a la petición de Franco y Serrano: con España no beligerante obtenía numerosos beneficios (materias primas, espionaje, dominio del régimen, relaciones con los nacionalismos árabes y con la política contra Estados Unidos de los países de América española, que finalmente acogieron a los nazis refugiados), mientras que, combatiente, estaría expuesta a un segundo frente, y habría que alimentar su pueblo y rearmar su ejército. Un mal negocio: además de tener que repartir algo del mundo compartido. Se ha dicho también que Hitler, no quiso la entrada de Italia en guerra, pero le desbordó la ambición de Mussolini. |
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Y, sin embargo... Habían sucedido algunas cosas. Churchill se había hecho cargo del Reino Unido y su guerra, y Churchill era franquista, como había sido mussoliniano hasta la entrada de Italia en la guerra. Hubo una correspondencia. La hubo con Roosevelt cuando Estados Unidos estuvo en el conflicto, tras el ataque de Pearl Harbor. Y Franco comenzó a arrojar algún lastre. Ridruejo y Tovar, falangistas y germanófilos (Ridruejo, en la División Azul; Tovar, intérprete de Franco y Serrano con Hitler), despedidos. Y el propio Serrano Suñer. Alfonso XIII abdicó; luego murió, y su hijo, don Juan, comenzó una correspondencia con Franco desde Italia, donde expresaba su admiración a Mussolini, y su adhesión. |