Tras formar parte de varios grupos musicales con los que toca en Zeleste, Gato descubre la rumba catalana en las fiestas de Gracia de 1977 y decide adoptarla como fórmula.

Gato
Gato en 1972

Gato vuelve de Londres en 1969 sin haber cumplido su sueño de trabajar en un sello discográfico. Entra en los 70 completamente dedicado a la música.
    Su primer grupo musical es el Sloblo (de Slow-Blow, el indicativo que figura en los amplificaores Fender Twin Reverb), en el que él pone voz y guitarra y otros ponen armónica, bajo, batería, piano, mandolina y percusiones. De aquello Gato dice que «fue una banda de country-rock muy peculiar». El grupo recibe influencias de Taj Mahal y Toti Soler, «el primero en postular conceptos como lo de la sonoridad mediterránea, luego tan bastardeados».
Sloblo funciona hasta 1974, con renovados integrantes, logrando más actuaciones en Madrid que en Barcelona.

Pero la fórmula del country-rock no le gusta a Gato, que empieza a escribir canciones en inglés y a ponerles una música que es un «pastiche descarado de todo el pop-rock que escuchábamos por aquellos días». Así nacen el grupo Gato, y luego Secta sónica, logrando este último grabar dos discos: Fred Pedralbes y Astroferia. En estas formaciones la constante es, junto con Gato Pérez, Rafael Zaragoza alias Zarita.
En Secta sónica va aumentando el contraste entre la pulsión latina de Gato y el hard jazz-rock de Zarita. Explica Gato que «no queríamos hacer cançó, por supuesto, ni queríamos abdicar del rock, pero tampoco caer de narices en la mera copia de grupos angloparlantes, como habíamos hecho con Gato». Gato explica que «quería... contar en tres minutos las cosas que me sucedían y veía a mi alrededor, pero no daba con la fórmula. Tenía muy claro, eso sí, que lo de cantar en inglés era una majadería y que no tenía ningún sentido contar historias de surfers».

Peret
Peret.
Gato
Actuando en Zeleste
Carles Flavià
Foto reciente de Carles Flavià.
La fórmula llega de la mano de Jordi Vilella, uno de los bateristas que se suceden en Secta sónica: gracias a él en agosto de 1977 Gato descubre la rumba catalana en las Festes de Gràcia, donde tocan los famosos gitanos de ese barrio. La rumba catalana es la música de Barcelona, la que introdujeron el tío Polla, Antonio alias Pescadilla y quien la llevó a la luz pública, Peret. No interesa aquí hacer la historia de la rumba catalana, ni definirla, sino simplemente aclarar que para Gato, en agosto de 1977, es amor a primera vista, y la hace suya. Con la rumba Gato por fin encuentra la música perfecta para esas letras absolutamente increíbles que conseguirá componer.

El marco en que la evolución desde Sloblo hasta los discos de Gato Pérez en solitario ocurre es Zeleste, el local nacido en 1973 de la mano de Víctor Jou, arquitecto que escribía en El Cau, revista de urbanismo y arquitectura dirigida a finales de los años sesenta por Manuel Vázquez Montalbán.
Gato Pérez forma parte del entourage del local, antes como organizador de la Onda Layetana, y luego como artista muy a menudo invitado. Zeleste es el lugar de encuentro de la burguesía catalana con ideales supuestamente progres. Y es una «plataforma aglutinadora para la práctica totalidad de músicos barceloneses». Gato, que vive en ese periodo por Santa María del Mar, cerca del local, recibe en Zeleste las influencias de los que allí trabajan con él: Víctor Jou, Rafael Moll, Toti Soler, la Orquesta Mirasol, la Compañía Eléctrica Dharma.

En su LP de más éxito, Atalaya, Gato cantará Ebrios de soledad, una canción preciosa ambientada en Zeleste y dedicada a Carles Flavià, el entonces cura que en la primera asamblea de sacerdotes de Barcelona, en 1977, empieza su perorata diciendo: «Hablo en nombre del colectivo de curas ácratas, pero no se preocupen, soy el único miembro», y que pasa a la fama clerical —son sus palabras— «recomendando a los demás sacerdotes que escuchen la música de Sisa».