Atalaya es el disco que da mayor éxito a Gato en España y en el extranjero. El LP contiene su canción más popular y replicada, Gitanitos y morenos, pero también otras inolvidables.

Atalaya
La portada de Atalaya
Para Gato 1980 es el «horrible 80, un año hueco y lleno de incertidumbre». Y sin embargo es el año de la elaboración de su mayor éxito, Atalaya, que ve la luz en su versión definitiva a mediados de 1981, vende 25.000 ejemplares y es exportado a Francia, Italia y Latinoamérica donde, junto con Romesco, es bien aceptado.
Las grabaciones de Lux de Roca (así es como Gato tiene pensado llamar su nuevo álbum) empiezan con una formación formidable en la que destacan Paco Gijón, Agustí Fernández y Jordi Vilella que «repartía un poco de calor entre tanto cool». La producción corre inicialmente a cargo de Ricardo Miralles, el arreglista de siempre de Joan Manuel Serrat, pero el resultado es demasiado melódico y las canciones punteras las vuelve a producir Agustí Fernández. Componen el LP:


CARA A: Gitanitos y morenos. El chocolate de Marcelino. Mi perro. La diputada. Ebrios de soledad. Rumba twist.
CARA B: Tiene tumbao. Orquesta de plata y oro. Garrotín del tránsito. Se fuerza la máquina. Atalaya.

La canción que da nombre al disco va a ser la de lanzamiento, pero desde EMI insisten para que Gato cree algo con más ritmo, más bailable, más sobre el estilo de El ventilador, que le ha dado mucha fama. Y aquí nace la leyenda de Gitanitos y morenos, que cada cual cuenta a su manera. Parece ser que Gato y sus músicos tienen que acompañar a Mayito Fernández en un bolo en la Plaza Real de Barcelona, y el músico caribeño es famoso por su continuo desacreditar a los blancos por no tener la consabida música en la sangre. Así es que, antes de la velada, Gato y Paco Gijón cenan juntos en una pizzería y juntos escriben en una servilleta de papel Gitanitos y morenos, que luego no cantarán en el bolo de esa noche, pero que será de largo el mayor éxito de Atalaya y probablemente de la entera producción de Gato.
Pueblo romaní
En la Plaza del Pueblo Romaní de Barcelona
Sin embargo, es difícil no recordar algunas de las otras canciones del LP, empezando por Ebrios de soledad, una poesía sobre la amistad. Y luego Orquesta de plata y oro, dedicada a la Orquesta Platería, Garrotín del tránsito, en la que laúdes y mandolinas acompañan imágenes preciosas, Se fuerza la máquina, donde el mestizaje de culturas musicales llega a extremos emocionantes. Vale la pena romper una lanza a favor de canciones menores del álbum, como La diputada, sobre el desencanto de los primeros años de democracia, una canción con una letra divertida y original, Atalaya, poesía al estado puro, y finalmente Mi perro, una conmovedora canción argentina, escrita por Claudio Allende y perteneciente en los años veinte al repertorio de Agustín Magaldi, que Gato hace muy muy bien en recuperar.

A las letras de las canciones